sábado, 15 de febrero de 2014

Se terminó la fiesta


  
            En el año 2001 el país se encontraba al borde del estallido. No había nadie que pudiese contener la marea de descontento. Era tan grande el temor a las movilizaciones de masas que querían barrer con todo y todos, que se tomaron medidas extremas. Para que se entienda, dos representantes de lo más rancio de la derecha peronista tomaron medidas cuasi revolucionarias para la pacata, timorata y arcaica visión que de la política tiene nuestra esclerosada burguesía. Rodríguez Saa decretó el No pago de la Deuda Externa y Duhalde impuso las retenciones impositivas a la exportación de granos para obligar a una democratización mínima de la renta agraria.

            Pero eso no fue suficiente. Y desde el lejano sur vino la respuesta, sobre la base de la sojización, abrir la puerta a los pooles de siembra para que traigan las inversiones necesarias en tecnología verde,  expandir la frontera agraria y multiplicar por cinco o seis la cosecha. Con la enorme masa de dinero que las retenciones sobre esa producción hicieron ingresar a las arcas del Estado, dar respuesta a las necesidades populares, ampliar el mercado interno y volver a la sustitución de importaciones, completando la propuesta con la bandera de los Derechos Humanos. Y esto en el marco de un acuerdo con la CGT (Moyano) para ir encauzando el desborde.

            Pero, el resto quedó intocado. En los servicios (trasporte, energía, comunicaciones, etc) siguió sin cambios la política menemista del remate. Solo cuando la avaricia privada y la falta de control estatal llevó las cosas al límite, poniendo en peligro elementos básicos de los servicios públicos, cuando la quiebra de las compañías era casi un hecho, por necesidad y nunca por convicción o deseo, el Estado se hizo cargo de los muertos (AySA, Correo, Trenes, Aerolíneas, YPF) y ahora enfrenta la crisis de la electricidad. De la misma manera, la política de remate del país impuesta por el menemismo, continuó su curso en estos años en la minería, cubriendo la caja de la política.

            En el 2011 se rompió el Frente Popular, con el primer giro de timón. Ahora, el carnaval populista llegó a su fin. Para que quede claro: el 40% de las exportaciones argentinas ($ 85.000 millones de dólares) está en manos de 15 empresas (La Nación 30/7/11), o mejor, el 85% de las exportaciones está en mano de 150 empresas (informe CRA 12/2013). ¿Qué significa esto? Que el anuncio de Capitanich de la devaluación del 25% significó que cambiaron de mano en ese momento $ 18.000 millones de dólares. Hubo una reasignación de la renta, dándole a las 150 empresas monopólicas una masa de dinero igual a los presupuestos enteros para salud y educación. Eso es para que sepamos donde está la plata que nos van a decir que falta para dar aumento a los maestros, invertir en hospitales o cosas parecidas. La tienen Cargill, Nidera, continental, Techint, etc, etc...

            Si a eso le sumamos el “entendimiento” con el FMI y los acuerdos con el Club de París para volver a endeudar al país. Si a eso le sumamos la intención del Gobierno que las paritarias sean anuales (cuando los aumentos son día a día) y que no pasen del 25%, queda claro quién es el pato de la boda. Es correcto el titular del diario Perfil “La City festeja la ortodoxia K”. Volvieron los Golden Boys, no con Cavallo ni Redrado, sino de la mano de Kicillof y Cristina, con Scioli buscando dinero en EEUU para garantizarle a las grandes Empresas el flujo de divisas.

            Ahora, el decirlo, el intentarlo o el lograrlo son dos cosas distintas. Porque la gente no dejó nunca de movilizarse, han surgido por debajo una cantidad importante de listas alternativas a la vieja y corrupta dirección peronista de los sindicatos y no hay un solo político en el cual la gente confíe para que la pueda convencer de tragarse el sapo del ajuste. La alta votación del Frente de Izquierda solo fue un espejo anticipado de este proceso que se evidenció más fuerte en los eslabones más débiles de una clase política que hace mucho, al decir de Horowicz, dejó de ser una clase dirigente.

            El próximo round de esta pelea son las paritarias. Ya hubo un anuncio que presupone la aceptación de esta batalla: las clases no empiezan el 26 de febrero, tal como se anunció el año pasado. Y tengo muchas dudas que puedan empezar el 5 de Marzo.  El Gobierno tiene de su lado el aval de la CGT. Puede imponer en dos o tres grandes gremios su posición, puede que en más. Pero...uno solo de los gremios importantes que logre quebrar ese tope, hace saltar por los aires su política. Y, si el Gobierno no puede imponerla, va a convertirse en un limón exprimido al cual la burguesía ya le sacó todo el jugo y no le sirve más. Ese es el trasfondo del discurso de Cristina. Su aceptación a los dictados de las Grandes Empresas y su necesidad de vencer o morir en la aplicación de este ajuste. No son de placidez y calma los tiempos venideros.

domingo, 5 de enero de 2014

El juego de las diferencias




            Las diferencias entre las fuerzas electorales en pugna en cada país, de derecha a centroizquierda, cada vez tienen menos diferencias de fondo. A saber, se pelean acusándose de todo, injuriándose por hacer tal o cual cosa o dejar de hacer tal o cual otra, pero si están o estuvieron en el Gobierno, no hacen o hicieron nada diametralmente opuesto al que hoy detenta el poder.

            El caso paradigmático se da en Alemania, donde la Unión Demócrata Cristiana y el Partido social Demócrata, acaban de repartirse los ministerios después de haberse enfrentado en elecciones que sirvieron para dirimir.....nada. Cada vez más los partidos y agrupaciones políticas tienen más similitud con la política yanqui, donde dos partidos se enfrentan en elecciones para después gobernar con pocas diferencias de fondo.

            Francia, donde Mitterrand (socialista) fue quien desreguló la economía francesa y sus planes los continuó Chirac desde la Presidencia con alternancia de ministros socialistas y de derecha, sin que se noten cambios hasta la actual presidencia de Hollande. Y similar continuidad se dio en Inglaterra, con liberales y laboristas, en España, donde la burbuja financiera e inmobiliaria la empezó Felipe González, la continuaron Aznar y Zapatero y  ahora Rajoy intenta aplicar un ajuste que ya Zapatero había iniciado.

            Lugo, en Paraguay, aparece muy distinto a sus antecesores del Partido Colorado, pero el principal problema de la población paraguaya que es la terrible concentración de tierras en pocas manos (el 2% tiene en sus manos en 85%) y la sojización que hizo de Paraguay el 4° exportador mundial pero echó a los campesinos de sus propiedades, no se detuvo durante su Gobierno y la represión de la Policía al servicio de los terratenientes tampoco. Por eso cayó sin lucha. Para la gente terminó siendo un poco más de lo mismo.

            Lula no cambió en esencia los planes económicos de Henrique Cardozo más allá de alguna medida cosmética contra la indigencia. Tampoco Dilma. Por eso no fueron sorpresa para nadie que conozca la política brasilera las manifestaciones multitudinarias que saltaron por unos centavos de aumento en el transporte, pero que traían años de acumulación de miserias en la gente. Uno de los chistes más populares de Brasil el año pasado era que un brasilero le decía a otro “Brasil pasó a ser la sexta economía mundial” y el otro le respondía “¡Qué bien!, pero ¿qué tiene eso que ver con nosotros?”.

            Y así podríamos seguir con una lista cansadora país por país. Por eso, cada vez la gente se preocupa menos por la política y tiene menos expectativas en la salida electoral. Por eso el voto es tan fluctuante. Por eso nadie concita el entusiasmo popular por mucho tiempo. Por eso los espasmódicos estallidos populares masivos, por eso las “sorpresivas” revoluciones (como en el mundo musulmán), por eso la “democracia de a pie”, donde la gente expresa su reclamo cortando una calle, incendiando una comisaría, o saqueando.  

            En todos los casos, más allá de las caras que detenten el Gobierno, más allá de algún subsidio o asignación a los sectores más desvalidos, o algún derrame de un momento de buena economía, más allá de alguna medida progresiva en el aspecto democrático (matrimonio igualitario, condena a represores, legalización de la marihuana), en materia económica, la receta es parecida en todos lados. Lo que cambia es de qué manera se aplica, de acuerdo a si se viene de un proceso de estallido popular (como en Venezuela, Ecuador, Bolivia o Argentina) o se viene de un momento de quietud social.

            Privatización de servicios públicos, aumento de la desigualdad social, concentración de la economía, medidas de protección a bancos, grandes ganancias del mercado especulativo y pago de la Deuda Externa son los pilares de todo plan económico, desde Irkustk a Usuahia, de Seul a Guayaquil, pasando incluso por la otrora poderosa Europa (hoy llena de planes de ajuste neoliberal, con desempleo y miseria). Y ello en el marco de un proceso contradictorio, donde una parte importante de los países emergentes (Rusia, India, China, Sudáfrica, Angola, Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, etc) vienen de una década de expansión económica  que les permitió dar algunas mejoras al salario social.

            Pero, aún allí, cuando la crisis de la economía mundial los toca, el sistema de ajuste siempre tiene la misma vara. La tijera siempre corta el hilo por lo más delgado. El problema es que la gente no está muy dispuesta a ser el pato de la boda. No entiende por qué y ya no hay nadie en quien confíe que le diga que tenga calma que las cosas se arreglan. Ya no confía en nadie. Puede seguir incluso varios años un Gobierno y dejarlo en cuestión de minutos cuando ya no le da respuesta. Eso es lo que el marxismo llama “vacío de dirección”. No porque nadie dirija (siempre alguien dirige), sino porque esa dirección solo la posee mientras la gente crea que le sirve y le responde.

            Por eso el imperialismo no puede ganar ninguna guerra desde Vietnam, salvo Grenada y Panamá. Por eso no puede atacar Irán, pese a las bravatas. Por eso no puede trasladar la crisis a los países no desarrollados de la misma manera que lo hacía en épocas anteriores, cuando la crisis jamás se descargaba sobre las espaldas de norteamericanos o europeos. Por eso hasta los líderes que aparecen más sólidos son sacudidos por movilizaciones en su contra.

            Lo único que hasta ahora no surgió es una agrupación, un partido, una corriente que espeje ese proceso. Sí hay una cantidad enorme de listas antiburocráticas que van conquistando sectores en el sindicalismo. Pero aún la dirección política de las masas está vacante, después que la caída del stalinismo arrastró tras de sí a casi todos los partidos populares, “progresistas” o nacionalistas burgueses del mundo. Nasserismo, baasismo, partidos comunistas, APRA peruano, MNR boliviano, PSD brasilero, etc y dejó huérfana de líderes mundiales a la rebeldía popular. Pero, si sigue este proceso, todo tiende a indicar que se cumpliría esa vieja norma de física y de política: “todo vacío tiende a llenarse”




martes, 31 de diciembre de 2013

La luz, las ausencias y el fin del Carnaval


  
            Se termina el año y se terminan las burbujas. Como cuando se cierra el baile de Carnaval, todos se sacaron las máscaras y uno empieza a ver quién es quién. Y, por si hiciera falta, por si lo de Milani, por si el anuncio de ajuste de tarifas de colectivo y los aumentos del Inmobiliario Urbano (sin tocar a los pobres terratenientes de la Mesa de Enlace y sus amigos), el llamado a un tope del 18% de aumento de salarios (después de dar un 300% a algunas Policías que defendieron sus quiosquitos de narco y trata). Si todo eso no nos hubiera puesto en autos de quienes son nuestros dirigentes, el apagón echó luz sobre el tema (contradictorio pero cierto).

            Hace ya tres o cuatro semanas que las principales ciudades tienen cortes reiterados y prolongados de luz en varias zonas. Sin luz significa, en la mayor parte de las veces, sin agua. Y con térmicas que rondan los 38° de calor. Creo que nada se parece más a una catástrofe que esto. No es una catástrofe natural, pero es evidentemente una catástrofe que incluye dramas humanos de no tener comida fresca, de no tener ascensores para personas imposibilitadas, niños o ancianos, de no tener cadena de frío para remedios, de no tener agua para tomar y de no tener con qué paliar las altas temperaturas. ¿Alguien hizo algo?

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

            Y ese nadie abarca a kirchneristas, radicales, Macri, Binner, De la Sota y compañía. Nadie movió un dedo salvo para decir, imitando a Bart Simpson =    “Yo no fui”

            Es evidente que el Gobierno, después de diez años es responsable ineludible de este esperpento de política energética. Es indudable que, con un mínimo de recato ético, De Vido tendría que iniciar una larga columna de renunciantes por ineptitud y complicidad con el saqueo que hicieron las privadas, igual historia que ya había pasado con Aerolíneas, YPF y los trenes. Pero además, el Gobierno es responsable por incapacidad de respuesta. ¿Puso acaso a los funcionarios, a los servicios de emergencia, al Ejército en campaña para resolver las individuales y pequeñas pero dramáticas y extendidas tragedias que esto dejó? ¿No tendría que haber actuado como si hubiera habido un terremoto o un huracán?

            Pero no podemos quedarnos allí, porque tampoco hizo algo de esto Macri en Capital, Binner en Santa Fé, De la Sota en Córdoba, ni ningún intendente en ninguno de cualquiera de los municipios afectados. Toda la clase política volvió a mostrar la absoluta despreocupación por los pesares y padecimientos de sus votantes y ciudadanos. Lo de Daniel Cameron (Secretario de Energía) jugando al golf o lo de Macri de vacaciones en Bariloche son solo dos muestras del conjunto.

            Una sensación parecida a esta llevó a la gente al “que se vayan todos”. Espero que ahora logre una salida por la positiva para que esta vergüenza nacional no se repita



miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Huelga por salarios o extorsión armada?




            Hemos vivido y continuamos viviendo una serie de conflictos con las policías provinciales que están abarcados por un reclamo salarial. ¿Son huelgas que toman esta forma por la prohibición (absurda) que impide a los uniformados conformar sindicatos? ¿Ante la falta de organización para este tipo de peleas salariales se ven obligados a esta metodología? ¿O son planteos que, pese a que aprovechen el pedido de aumento, en realidad llevan otra intención?

 

            La Policía en Argentina tiene una organización mafiosa, más allá de la buena o mala intención de cualquiera de sus integrantes. Históricamente estuvo ligada  a un cierto “entendimiento” con el delito. Si no, es muy difícil explicar la enorme cantidad de acciones ilegales que la Institución encargada de hacer cumplir las leyes permitió y permite. Desde el uso de la calle en beneficio propio por parte de Empresas, desde el sistemático estacionamiento en forma indebida de cualquier camión de reparto, desde el público y profusamente publicitado negocio de prostíbulos que funcionan en todas las ciudades, desde el “levantador de quiniela” que hasta los perros conocen en el barrio, pero la Policía nunca encuentra, desde los públicos y conocidos vendedores de estereos robados de la calle Libertad hasta la venta de partes usadas en Warnes, pasando por todos los lugares de venta de droga que todos los drogadictos conocen y encuentran, pero los uniformados parecen no ver.

 

            Pero, como hasta el Papa denunció, ahora ha habido un salto cualitativo en la ligazón con la trata de personas y el resto de los delitos, pero fundamentalmente con el narcotráfico. En Santa Fe cayó la cúpula policial. En Córdoba hay un destape de corrupción que no solo mancha a toda la plana mayor sino que también envuelve a importantes políticos y funcionarios. Una investigación del tráfico de droga en Bs. Aires implica en el negociado a 100 altos cargos de la Policía de esa Provincia. Y, más allá de la inevitable e innegable complicidad política y judicial, empezó a haber sanciones a fin de encarrilar la situación. Algo parecido a “muchachos, se les fue la mano” que a limpiar a fondo a una Policía que en diez años de este Gobierno y en los treinta de democracia, nunca se le cambio la impronta impuesta por Camps.

 

            ¿Puede ser razonablemente normal un pedido de aumento de salarios del 400%? ¿Es mínimamente entendible una seguidilla de saqueos que comienza apenas horas después de cada acuartelamiento de cada Policía? Es poco normal, seguramente nada espontáneo y compresiblemente fácil de adjudicar a una reacción casi simultánea de acciones colaterales y coordinadas con cada planteo de los uniformados. No se puede desdeñar que el planteo salarial haya sido utilizado como detonante y aglutinador de la base. No es descartable que en Córdoba (que fue el puntapié inicial) haya sido para cubrir la parte que la “plata negra” que la remoción de la cúpula dejó de hacer fluir en forma sistemática. Pero no es razonablemente sensato creer que el tema salarial lo explica todo en esta continuidad de planteos. Ni siquiera la mayor parte de la respuesta puede llenarse con ese ítem.

 

            En ese sentido, es sensata la respuesta del conjunto de las fuerzas políticas repudiando un intento armado de imponer su capacidad de cuestionar los poderes y decidir los marcos de su accionar como un sector con poder independiente y autónomo de la sociedad y el eje del discurso de la Presidente. Salvo el pequeño detalle: si llegó hasta acá es porque le permitieron llegar. Y la decisión de Scioli de no sancionar a nadie y tapar la investigación, no hace más que dejar el camino librado para este sindicato armado. Si vamos camino a México (pero con los cárteles vistiendo uniforme) o no, depende de la acción de los políticos en los próximos meses. Y para eso deben cambiar muchas cosas. Incluso el uso por los políticos de las barras bravas y la organización de la base de sustentación de los barones del conurbano o los feudos provinciales.


 

domingo, 8 de diciembre de 2013

¿Estalla la crisis en Argentina?




            En los últimos días hemos visto escenas de saqueos y vandalismo en varias provincias, mientras sectores de los medios anunciaban que la tan anunciada crisis se cernía (por fin) sobre la Argentina. ¿Eso es así? ¿Estamos a un paso del Apocalipsis, con un dólar a $15, un desempleo en alza, un brote inflacionario de dos dígitos al mes y el derrumbe de las reservas?

            Como la relación inmediata de la crisis en Argentina es el 2001, es bueno aclarar que esa crisis tuvo origen en políticas y situaciones que hoy no existen en el país. Fue la crisis final del plan económico que empezó con Rodrigo en el 75 y continuó en la Dictadura y los Gobiernos sucesivos. Un plan de primarización de la economía y realización de la renta agraria a través de convertirla en cupones de la Deuda Externa. Fue la transformación de la burguesía terrateniente en rentista del endeudamiento nacional. No tenía otro fin posible que el precipicio.
  
            Si bien este modelo no abandonó totalmente la dependencia de los  commodities (sobre todo la soja), transformó la arcaica burguesía terrateniente parasitaria en un nuevo estilo de producción (pooles de soja) mucho más dinámico y ligado íntimamente a la producción. A la vez, se expandió notablemente el sector de productos industriales para alimentar el desarrollo de la frontera agropecuaria y las exigencias del sector que surgió de ese proceso (automotrices, maquinaria agrícola, máquinas y equipos, productos minerales, construcción, calzado, textil, etc). El crecimiento del PBI muestra este desarrollo (Según datos del FMI para 2011, si al PIB se lo considerara en términos de paridad de poder adquisitivo alcanzó los 710 690 millones de dólares, resultando la Argentina la tercera economía de América Latina, superada por Brasil y México. Ese año el PIB per cápita medido en PPA de USD alcanzó los 17 376, el más alto de América Latina.) .

            Evidentemente, la crisis mundial no podía no afectar al país. Incluso a través de la dependencia comercial con Brasil. Eso se vio en la fuga de divisas, en la desaceleración del aumento del PBI, en la crisis del dólar, en la inflación, en los resultados electorales y en las crisis provinciales. Si consideramos que Brasil, a un año de haber superado a Inglaterra y haber llegado a ocupar el lugar de la 6a. economía mundial se vio sacudida por movilizaciones de millones de personas, se puede entender que desarrollo y crisis no son  términos que se repelen mutuamente, si no que pueden convivir.

            No es el interés de esta nota hacer el puntilloso detalle de los “errores” del Gobierno (que no son tales, sino su política en acción), pero si tomar en cuenta que todos los errores, en las crisis, es cuando llega el momento de pagarlos. Y el Gobierno viene pagando y va a seguir haciéndolo. Y esto es ya un hecho de la realidad. La falta de aire, la ausencia de “aguante” por parte de la gente, los palos que recibe de la oposición, etc. ya son a esta altura un dato de la crisis.

            Tiene razón Kicillof cuando dice que los problemas de las reservas son  financieros y no económicos. Argentina sigue teniendo buenas perspectivas, con productos que si bien retrocedieron en su valor, siguen siendo fuente de divisas suficientes para cubrir los desajustes y un sector externo manejable en los próximos años...pero...

            El modelo generó varios efectos que ahora hay que tratar de ordenar. Por un lado se vive desde hace tiempo un crecimiento importante en la importación de máquinas y equipos y de bienes para la producción (desde energía, fertilizantes y agroquímicos, suministros para la industria, y bienes de consumo de alta gama, entre otros) propio de la demanda de una producción que aumentó sin la contrapartida del desarrollo de un polo petroquímico, sin la generación de fuentes de provisión de luz, gas o petróleo, y con las exigencias de consumo de una nueva clase media de alto poder económico. Esto socava las reservas, las vuelve más expuestas a sufrir los vaivenes de estas tensiones. Más si la desconfianza se escapa hacia el resguardo del dólar.
  
            También genera presión sobre las reservas la política de pagar la Deuda con ellas. Y esto es cada vez más necesario, cuando al no poder anclar sus valores en el dólar, los productores sojeros lo salvaguardan en porotos que no venden y acumulan en las silobolsas, dejando sin entradas liquidas de divisas al Banco Central. Si además las compañías extranjeras aumentan la remesa de utilidades en auxilio de las casas matrices en problemas y cada sector que puede hacerlo, deja depositados en el exterior sus dólares, el cóctel se vuelve explosivo.

            Pero todo eso es a grosso modo posible de resolver, políticamente manejable. Siempre y cuando exista un poder político que pueda hacerlo. Y ese, creo que es el intento de Capitanich como Jefe de Ministros y la apertura del diálogo con la oposición. Y como la oposición no está en condiciones de sacar este Gobierno y tomar el mando para manejarlo mejor, los acuerdos están en la naturaleza de las cosas. Porque, además, todos saben que necesitan para apuntalar al Gobierno y que este lleve adelante la solución en la que todas las corrientes económicas acuerdan (con pocos detalles de fricción) y esta se expresa en una sola palabra: ajuste.

            Pasado en limpio, ajuste es que las paritarias tengan un techo del 20%, que se congelen en el tiempo las partidas presupuestarias para “gastos sociales” como educación, salud, subsidios, planes, etc. y el resto de las medidas que permitan al Estado conseguir un colchón de dinero del sector al cual siempre se le solicita el mismo en las crisis: los trabajadores y el pueblo. Si tienen dudas, estudien el presupuesto de la Provincia de Buenos Aires acordado entre Scioli y Massa. En el mismo se aumenta el Impuesto Inmobiliario Urbano. El Rural no, para no tocar los intereses de los terratenientes y los productores sojeros. ¿No es suficiente muestra de por dónde viene el apriete de cinturón?

 

            Y ahí si estamos en un lío. Ahí si se pone negra la situación. Ahí si la crisis se torna posible. Y eso también explica por qué aún no se ha resuelto. Porque no hay pasividad en la gente para aceptarle al kiirchnerismo (ni a nadie) una disminución en los estándares de vida. No hay oxígeno político para aceptar una baja del salario ni un aumento de tarifas, ni ninguna medida por el estilo. Porque la evolución de los últimos dos años ya dejó sus marcas de rebaja salarial, de aumento de los impuestos, de carestía de la vida, de deterioro de la educación y la salud. Brasil ya mostró la posible reacción popular y, por si fuera poco, las elecciones mostraron una enorme claridad por parte de un importante sector sobre como buscar la salida. El incremento de los sectores combativos en el sindicalismo, las votaciones estudiantiles y la alta votación del Frente de Izquierda marca por donde la vanguardia está mirando para organizar la pelea.

 

            De todo esto, las rebeliones policiales son la punta del iceberg y el anticipo del futuro.  


 


domingo, 3 de noviembre de 2013

Una opinión sobre las elecciones





            Las elecciones han pasado. Una semana después, rumiado y digerido el resultado de los comicios, se puede hacer un análisis con cierta perspectiva. Y uno de los primeros hechos que salta a la vista es que estas elecciones marcan un cambio. Pero, ¿qué cambio?

            Algunos sectores señalan como un cambio el hecho que el kirchnerismo se haya visto reducido al tercio del electorado. Pero es bueno recordar que en el 2009 pasó otro tanto. Hay quienes marcan como un hecho distintivo que haya perdido en los principales distritos. Pero en el 2009 perdió Buenos Aires (llevando al propio Nestor como candidato) y solo salvó Santa Fé gracias a Reutemann (que hoy está con Massa). Otros marcan la aparición de Massa como gran candidato a encabezar la diáspora de la oposición. Pero es menester recordar que ese puesto parecía pertenecer al colorado De Narváez en el 2009 (vencedor del propio Nestor y ganador en buenos Aires con un 35%). Entonces, de nuevo, ¿qué cambió?

            Para responder habría que analizar el devenir de los votos en las últimas tres elecciones. A saber, si uno toma la votación del kirchnerismo ( 35% - 54% - 33%) no se ve nada resaltante. Si toma la elección de la UCR - Socialismo - y afines (31% - 30% - 24%), tampoco. El cambio puede notarse en el traspaso de los votos del PJ disidente -Duhalde - Saa (15% 2009 - 14% 2011) a Massa (17% 2013 o 20% sumando a De la Sota) siempre que se reconozca que entre Duhalde - Saa y Massa hay una diferencia. El PRO orilló siempre el 8 a 11%. El gran cambio está en la caída de De Narváez (perdió 2 millones de votos desde el 2009 a 2013) y el ascenso de la izquierda.

            Y, a eso, es imprescindible sumar datos de la realidad. Primero, que Cristina no va a estar de candidata en el 2015 y eso condiciona al conjunto del kirchnerismo. Segundo, que Massa se presenta (y la gente lo votó) para que continúe el “modelo” kirchnerista resolviendo los errores y arreglando los problemas (distinto a Duhalde - Saa que eran otro “modelo” y otro peronismo). Y sería pecar de ceguera política si no se percibe algún síntoma en la estrepitosa caída de De Narváez y las votaciones de todo el país (con picos excepcionales en Salta y Mendoza) de la izquierda. Esto, más la crisis (fuga capitales, caída reservas, dólar, etc) y más el ascenso mundial (Brasil, Turquía, la primavera árabe, etc) dan el tono del cambio.

            Y esta elección mostró esos síntomas. La gente, descontenta con el kirchnerismo por su abandono de las posturas “progresistas” (Chevrón - reapertura del canje - Milani - etc) buscó a quien se presentaba como la continuidad del proceso, pero arreglando los defectos (inflación - dólares - 82%), dejó sin apoyo a los sectores de derecha (De Narváez - peronismo duhaldista - saadista - Momo) y apoyó a quienes venían a resolver la corrupción (Carrió - Solanas). Porque uno puede opinar que esos sectores son de derecha, pero la gente los apoya desde lo cree que son y ese apoyo es lo que marca la intención del voto (porque esa es la demanda popular).

            No hubo giro a la derecha, si no, al revés, un giro a la izquierda. Para un sector cuya visión revolucionaria no traspasa el peronismo, ese giro fue tan tímido como votar a Massa para que corrija lo erróneo del kirchnerismo. Para otro sector que todavía cree que la mejor democracia fue la restrictiva democracia irigoyenista, fue apoyar la lucha contra la corrupción con Carrió y Solanas. Y para otro sector, más lúcido, fue preparase para el ajuste y empezar a reflejar en los votos la necesidad de una pelea contra el ajuste. Por eso los sorpresivos guarismos del FIT.

            Y no es poca cosa. Porque no hay ningún sector dirigente que tenga hoy en día la suficiente capacidad de aplicar el ajuste necesario. El cercano ejemplo de las grandes movilizaciones contra Dilma por el ajuste erizan de miedo la piel de los políticos. Por eso, como De Narváez se diluyó después del 2009, es posible que veamos a Massa sostener a Cristina para que aplique el ajuste y haga el trabajo sucio antes de irse. Y, si no fallan a los requerimientos de la situación, veamos un crecimiento de la izquierda. No es casual el fraude para dejar a Liliana Olivero afuera, ni es casual la actitud militante de la Iglesia salteña contra los candidatos de la izquierda. Ni la aparición sorpresiva del ex izquierdista Luis Zamora para garantizar la división de los votos de izquierda y que Altamira no sea diputado. Nada es casual en política.





lunes, 14 de octubre de 2013

¿Fracasó el kirchnerismo?





            Faltan dos semanas para las elecciones. Un aroma a fin de ciclo se huele en el aire. ¿Fracasó el kirchnerismo? Eso sería según como se haga el balance. Veamos:



            En el 2001 el país estalló. El modelo económico iniciado en el 75 por Isabelita y Rodrigo y llevado a fondo por Martínez de Hoz, modelo que tenía por fin la primarización del país, el retorno de la renta agraria a sus dueños originales (la burguesía terrateniente) y la realización de dicha renta mediante la Deuda Externa, convirtiendo a la gran burguesía en rentistas financieros, terminó de estrellarse con el inevitable precipicio a la cual llevó al país.



            Y la gente salió a exigir “que se vayan todos”, dejando al país sin nadie capaz de dirigirlo (la sucesión de presidentes sobra a modo de constatación) y a la democracia burguesa pendiendo de un hilo. Tal era la situación que dos impensables peronistas de derecha tomaron medida cuasi revolucionarias. Rodriguez Saa decretó el no pago de la Deuda y Duhalde las Retenciones a la Renta Agraria. Pero nada alcanzaba y costaba hacer entrar en cauce a la población que descreía de todas las instituciones. En ese marco apareció Kirchner.



            Mediante un Gobierno de Frente Popular (en alianza con la burocracia sindical -Moyano al frente-) giró todo a la izquierda que necesitó para restaurar el Estado. Volvió a poner al Plan Pinedo en marcha (sustitución de importaciones, mercado interno - con aumento salario obrero incluido -, Mercosur, achicamiento de las FFAA, etc) hasta reconstruir la confianza de la gente en el voto y  los políticos (la mayor parte los mismos que se pedían que se fueran).



            Pero no tomó ninguna medida de fondo. Ni dejó de pagar la Deuda, ni estatizó los servicios (salvo los que las privadas casi quebraron), ni recuperó el desarrollo de las ramas de punta de la industria (polo petroquímico, cohetería espacial, etc), ni creó la infraestructura para un salto en el desarrollo (más y mejor energía, mejorar transportes, puertos, etc.), ni tocó un pelo de las prebendas de la nefasta burocracia sindical. Y de a poco, crisis mundial mediante, volvió a la normalidad de un gobierno normal. Se puede decir que, desde el punto de restaurar el sistema, casi lo logra. Salvo que la gente se resiste a desmovilizarse.



            ¿Y ahora?. La figurita de Massa tiene poco sustento y el resto de la oposición es cartón pintado. Por eso todos quieren que Cristina continúe hasta terminar el mandato. Le piden que se encargue ella de aplicar el ajuste. Que haga el trabajo sucio. Porque ninguno está en condiciones de hacerlo. Y como es común en las experiencias “progresistas”, empiezan por la izquierda y terminan en la derecha. El problema es que la gente no quiere girar a la derecha. Está esperando que Cristina o Massa (que se presenta como el sucesor) arreglen los “problemitas” y todo vuelva a la buena senda anterior.



            Como eso no va a suceder, un sector de la población lo entendió y giró a la izquierda. Eso explica el millón de votos de la izquierda (la real, no Donda ni Binner) y las altas votaciones en Salta, Mendoza y otros lugares. Y habrá que ver cuál es el resultado de las próximas elecciones. Pero es el único sector nuevo que creció exponencialmente. ¿Seguirá creciendo? Depende De la izquierda, tan proclive a desunirse ni bien tiene un poquito de aire. De que la gente siga reclamando y exigiendo, lo cual parece que es la tónica en el mundo (como en Brasil, Turquía, Libia, Siria, etc).



            Y que el pánico no ponga en el centro de la escena la Ley Antiterrorista, aggiornamiento de la Ley de Residencia (que tuvo vigencia entre 1902 y 1956) y del Plan Conintes (hasta 2012). Porque está permitida toda experiencia “progresista” que no cuestione la ganancia de las grandes patronales y no ponga en tela de juicio quién manda de verdad en el país. Más allá de eso, no. Más de 4000 dirigentes sociales y políticos judicializados son una muestra. La democracia sindical, las decisiones de la base por Asamblea, están prohibidas aún en el más nacional y popular de los Gobiernos.



            No sea cosa que los trabajadores y el pueblo quieran que la plata vaya para salarios, educación, buenos servicios, jubilaciones, etc. en lugar de irse del país por la fuga de capitales o el pago de la Deuda. O que se cuestione las fabulosas ganancias de los grandes pulpos capitalistas. Porque el cinturón solo se aprieta para los de abajo. Y llegó el momento de apretarlo.